TRANSNISTRIA, la peligrosa trastienda de Ucrania
Estamos en 1991. En medio del inicio de la descomposición de la antigua Unión Soviética, hay un territorio, Transnistria, que proclama su separación de la Unión Soviética el 1 de Septiembre aún cuando formaba parte de la república soviética de Moldavia que asimismo había proclamado su independencia el anterior 25 de Agosto.
Pero ¿que es Transnistria? ¿y porqué resulta tan importante a nivel geopolítico?
Se trata de una franja de territorio alargado más allá de la orilla izquierda del río Dniéster (de ahí su nombre) y hasta la frontera con Ucrania, que ocupa unos 4.000 km2 (como la mitad de la provincia de Madrid) y cuya población no llega al medio millón de habitantes conformada, a grandes rasgos y por terceras partes, de gentes de etnia moldava, rusa y ucraniana.
El Principado de Moldavia fue el precursor del estado rumano tras la unión de este principado con el de Valaquia (patria de Drácula), pero la actual república de Moldavia se la había arrebatado el estado ruso a los turcos en 1812 denominándola Besarabia y era aproximadamente la mitad del anterior principado de Moldavia.
De hecho, Rumanía, aprovechando el caos de la guerra civil rusa de 1917-1923 se anexionó Besarabia, anexión que Rusia jamás reconoció.
Para enfatizar sus derechos, la naciente Unión Soviética salida de la guerra civil, creó la república socialista autónoma de Moldavia, en 1924, dentro de la república socialista soviética de Ucrania en zonas aledañas a Besarabia donde había población de lengua rumana. En este territorio se incluye lo que hoy es Transnistria, la cual nunca estuvo situada bajo el estado rumano, y sí dentro de Ucrania.
Tras los pactos entre Hitler y Stalin en el acuerdo Molotov-Ribentropp, en 1940 la Unión soviética recupera Besarabia (actual Moldavia) pero tras la invasión de Rusia por Hitler, Rumanía (aliada de este ultimo) la vuelve a recuperar. El final ya lo sabemos, derrota de la Alemania Nazi y la Unión soviética, que recupera Besarabia, le une la actual Transnistria y crea la república socialista soviética de Moldavia. animando a migrantes de etnia rusa y ucraniana a ir a la zona de Transnistria para trabajar en la industria pesada que se desarrollaba allí.
Y la realidad es que entre Transnistria y el resto de Moldavia se ha producido una curiosísima simbiosis de supervivencia donde las autoridades de Moldavia validan titulos académicos, titulos de conducir, pasaportes, matrículas de empresa, derechos de comercio, etc con lo que los ciudadanos de Transnistria pueden moverse libremente por el espacio Schengen y sus empresas pueden comerciar con la Unión europea, lugar al que dirigen la mayoría de sus exportaciones.
De hecho, los ingresos de Transnistria se fundamentan en las partidas que los emigrantes a la unión europea envían a su país, las ayudas que Rusia hace directamente complementando pensiones a una población muy envejecida, las ayudas indirectas de Rusia subvencionando el gas (que , por cierto Rusia envía a través de Moldavia) y las ventas de sus empresas de maquinaria pesada y ligera que las empresas puede realizar a la unión europea en virtud de sus acuerdos con Moldavia y de la pertenencia de ésta última a la ZLCAP (zona de libre cambio de alcance amplio y profundo), organizada por la unión europea.
Dentro de esta dinámica prácticamente todo es posible y, por ejemplo, se creó el conglomerado de empresas «SHERIFF» que domina muchísimos aspectos de la vida económica de Transnistria y que se permitió construir en Tiraspol, capital de Transnistria, el único estadio de toda «Moldavia» que cumple los requerimientos UEFA e incluso patrocinar un equipo de futbol competitivo que juega la liga moldava.
Llegados a este punto la situación parece ser de bloqueo deseado por todos. En Transnistria perciben al resto de Moldavia como un estado en desarrollo, con una calidad de vida inferior y con acusaciones de corrupción. Y además no tienen ninguna intención de integrarse en un futuro en una Rumanía unificada. En Moldavia perciben que Transnistria podría desequilibrar la balanza de poder a favor de esta región y además los sectores mas partidarios de una unificación con Rumanía perciben a Transnistria como una zona que jamás fue de su ámbito hasta los primeros años de la década de 1940 y por imposición soviética.. Todos los intentos de reunificación que se han hecho implicaban unas ventajas para Transnistria que Moldavia no está dispuesta a asumir.
¿Y las implicaciones geopolíticas?
La unión europea aboga por la unificación con Moldavia pero sabiendo cómo se beneficia Transnistria a través de esta última, no toma medidas serias por el miedo a que Transnistria y Moldavia acaben definitivamente en la órbita rusa de una forma beligerante, y por su parte Rusia siempre ha abogado por la unificación pero está claro su interés por tener un país en medio de Europa con un fuerte interés mediatizado a su favor.
Y Ucrania……
La invasión rusa genera en Ucrania la sensación de que no tienen las espaldas cubiertas precisamente por tener un ejercito ruso en su frontera con Moldavia, que en cualquier momento podría abrir un nuevo frente que generaría aún mas caos. Aunque, hay que decirlo, el gobierno de Transnistria ha declarado que ellos son un estado pacífico y debemos tener en cuenta que su puerto comercial principal es la ciudad ucraniana de Odessa, en el mar Negro, muy cercana a este territorio.
La supervivencia de ese puñado de personas depende de la simbiosis que mantienen ahora mismo con Moldavia-Unión Europea-Rusia, pero a tenor de los acontecimientos ese equilibrio se antoja cada vez mas complicado de mantener.
Y siendo realistas, viendo casos como éste y como la invasión de Ucrania, el mundo va camino de eliminar de su vocabulario conceptos como «integridad territorial» o «intangibilidad de fronteras» por otros como «independencia natural» (recordemos el caso de Taiwan), nacionalismo étnico o irredentismo, con las consecuencias a todos los niveles que esto conlleva. Esperemos que impere la cordura.

No hay caminos para la paz; La paz es el camino
Mahatma Gandhi
Lo peor que hacen los malos es obligarnos a dudar de los buenos
Jacinto Benavente




