Nacionalismos. El cáncer de Europa
Cuando hablamos de nacionalismo, como origen de problemas, nos referimos al nacionalismo minoritario, étnico o periférico, e incluso los fuertes regionalismos identitarios o los grupos que estando insertos en un Estado contemplan cómo hay otro Estado cuya lengua y cultura principal es la de ese grupo,, y que se está dando de forma muy importante a lo largo y ancho de Europa amenazando muy seriamente tanto la estabilidad como la integridad de los Estados europeos tal como los conocemos actualmente y que son de forma mayoritaria estados-nación.
Los Estados-nación se pueden definir como un grupo humano que tienen características comunes, sobre todo una historia común y cuyos miembros se reconocen entre sí. A mi modo de ver, en los Estados europeos la principal característica es tener una historia en común, si bien normalmente hay un grupo concreto al que se puede catalogar de mayoritario o mejor dicho preponderante ya que en el caso de los Estados Europeos, sobre todo en la Europa occidental, todos los ciudadanos han participado de las estructuras del Estado en mayor o menor medida, y lo siguen haciendo.
De hecho, la solución de Estado-nación es la mayoritariamente existente en el mundo . La gran mayoría de Estados tiene en su seno grupos distintos de individuos distinguibles por lengua, religión, raza, etnia, tribu, grupo social, minoría nacional de otro Estado o simplemente fuerte conciencia regional.
En América, África y Oceanía los Estados son Estados-nación generados por el devenir de la historia colonial. Europa y Asia, depositarias de culturas dominantes en la historia también han generado Estados-nación fruto de una historia muy antigua y arraigada si bien guardan en su seno una multiplicidad enorme de riqueza cultural en forma de lenguas, religiones, etnias, tribus y regiones..
En el caso de América, Africa y Oceanía la multiplicidad de culturas se ha manisfestado como una amalgama en torno a un Estado salido de la historia colonial, mientras que en Europa y Asia los estados son Entes históricos preexistentes muy fuertes con particularidades en sus senos no menos fuertes identitariamente hablando, si bien suele haber una cultura mayoritaria, como he comentado anteriormente.
La realidad es que si definimos la nación-Estado como el Estado conformado por una única nación donde todos los miembros se reconocen únicamente en esa nación y en ese Estado, sin particularismos y sin minorías de ese Estado en otros, o de otros en ese Estado, o particiones de esa nación en Estados, o sin grupos de inmigrantes de cierta relevancia, tenemos únicamente un pequeño puñado de Estados marcados más `por su excepcionalidad que por su habitualidad.
Dentro de los grupos nacionalistas se encuentran las denominadas “minorías nacionales” grupos de personas que comparten características comunes existiendo ya un estado donde esa cultura es preponderante o mayoritaria.
Cuando esta minorías persiguen unirse al Estado donde sus características son iguales , o ese Estado las reclama, o buscan unirse diversas minorías de distintos Estados para formar un Estado propio común, hablamos de irredentismo, de la palabra irredento que significa “no liberado”.
El grado de integración dentro del Estado donde se encuentran insertas las minorías, determinará muy significativamente la estabilidad política, institucional, económica y social de estos Estados. Pero el irredentismo no es exclusivo de las minorías nacionales. También los nacionalismos periféricos nacen con una serie de territorios que «deberían» integrar su Nación ideal independientemente de lo que piensen los ciudadanos de esos territorios, pasando así de no tener Estado a pretender un , vamos a llamarlo así, imperialismo totalitario.
Bajo mi punto de vista los nacionalismos en Europa han seguido una orientación de nacionalismo lingüístico. Hay muchas teorías e importantes eruditos que han hablado sobre el nacionalismo desde el punto de vista del cambio de un antiguo régimen en transición a raíz de la revolución industrial e incluso la implicación de todos los estratos de la población de un territorio a la hora de consolidar algún nacionalismo.
Pero si bien es cierto que las teorías nacionalistas han conseguido calar en los distintos estratos de las poblaciones haciendo de ellas movimientos fuertes y consolidados, no es menos cierto que en esos mismos territorios importantes capas de la población se mantienen fieles a su adscripción en el Estado-nación donde están insertas, aun cuando se reconozcan con características especificas dentro del Estado.
En estas capas el hecho de tener una lengua propia no ha resultado ser un motivo de deseo de separación ni de autodeterminación. Incluso hay territorios con identidad especifica, lengua incluida, donde en ningún caso han calado las ideas nacionalistas, al menos como deseo de separación del Estado donde están insertas. Es más, en la mayoría de territorios donde ha calado el nacionalismo hay otros territorios menores con identidades especificas o grandes ciudades con capas de población no nacionalista que son, no obstante, fagocitados por el apetito expansionista del nacionalismo, seguramente en busca de su «espacio vital».
Esto nos sitúa en escenarios donde los pretendidos nuevos estados deseados por los movimientos nacionalistas en ningún caso nacerían con la pretendida «homogeneidad étnica» que tanto parecen anhelar.
La vieja Europa , cuajada de históricos Estados-Nación se ve tocada en sus cimientos por los movimientos nacionalistas, de base primordialmente lingüística , que pretenden la creación de naciones-Estado justo en el momento en el que se pretende una integración mayor de Europa, entrando así en una contradicción fatal.
Si la locura nacionalista se extrema a todos los territorios europeos llegando incluso a regiones de fuerte arraigo identitario podríamos acabar viendo una Unión Europea que pasaría de 27 Estados a mas de 100, lo cual la haría ingobernable, cuajada de mini países con castas políticas que gobernarían con puño de hierro a grupos pequeños de ciudadanos , despojados éstos de la defensa y ventajas que supone estar integrados en un Estado-Nación fuerte y consolidado.
Y curiosamente esas mismas castas políticas y económicas están integradas en los Estados-nación que pretenden destruir, controlando resortes de poder, grandes empresas, bancos etcc. Lo que corroe desde dentro es una suerte de cáncer y es el mal que aqueja a la inmensa mayoría de los Estados de la vieja Europa hoy en día.
Según el prestigioso teórico del nacionalismo Miroslav Hroch los nacionalismos surgen con un pequeño grupo de intelectuales que podríamos denominar “patriotas” que toman interés por la lengua y las costumbres de un grupo minoritario, pasando a una fase de agitación creando agrupaciones, asociaciones, partidos políticos, publicaciones etc.. Pasando a una fase en la que se adquiere dimensión de masas e integra a la clase obrera habiendo paulatinamente conquistado todas las demás clases sociales para la causa para continuar con la demanda de autonomía y/o independencia.
Esta tendencia llega al paroxismo de llegar incluso a reflotar lenguas ya extintas como el córnico en la región celta de Cornualles (en Reino Unido) o el manx (lengua celta de la isla de Man)
Sin embargo, esta teoría no tiene en cuenta que ese proceso no cala a toda la población que pretendidamente se quiere captar. De hecho en los casos mas avanzados como serían los nacionalismos escocés, flamenco, catalán y vasco, el porcentaje de población nacionalista y no nacionalista se reparten, grosso modo, al 50 % creando una situación de imposible trámite ya que hay una cantidad muy fuerte de nacionalistas y por otra parte otra proporción que con igual fuerza se mantiene en posiciones leales al Estado-nación donde se inserta el territorio, creando fracturas incluso intrafamiliares de la población.
Los Estados-nación, dentro de la política de buenas prácticas, buenismo, y permisividad han puesto en manos de élites locales los resortes para deformar la realidad y orientar y crear un odio identitario exacerbado contra el Estado de inserción.
Y sin embargo, si nos fijamos en el caso español, las elites empresariales principales se sitúan en Cataluña y País Vasco, y personas de estos orígenes están sin ninguna cortapisa, ni ningún apartheid, al frente de corporaciones, bancos, asociaciones y entes territoriales. De hecho los apellidos catalanes, vascos o gallegos circulan por doquier por toda la orografía española demostrando la integración derivada de la historia común. Así pues si hay que cortar un día ¿por donde? Es la cirugía de un cáncer con metástasis. Y la solución se vuelve imposible.
Pudimos asistir a lo que pasó en Yugoslavia, matanzas salvajes por doquier amparadas, promovidas y desarrolladas por nacionalismos etno-lingúisticos y religiosos en pleno corazón de Europa con campos de concentración, fusilamientos y trasvase de territorios de uno a otro bando
De hecho , podríamos poner como ejemplo Abjasia, república no reconocida y separada de Georgia, donde se desarrolló una guerra de odio etno-lingüistico que provocó que la mitad abjasia de la población matara o expulsara a la mitad georgiana, pasando de 550.000 habitantes a los actuales 240.000. Eso sí , los habitantes son abjasios étnicamente puros ¿o no? ¿es esto lo que le espera a los habitantes no nacionalistas de Europa?
La base de los Estados-nación es la historia. Alemania y Austria no están juntas porque su historia es diferente, aunque hablen alemán, lo mismo podemos decir de las repúblicas yugoslavas donde Croacia, Bosnia y Serbia hablando la misma lengua están separadas por religión e historia y donde Montenegro se separa de Serbia, siendo ambas de lengua serbia y religión ortodoxa porque históricamente habían estado separadas.
Si queremos una nación-estado pura, sin mezclas, sin minorías internas ni externas, con una sola lengua, una sola religión y con todos los territorios donde se hable esa lengua integrados en ese Estado tendríamos que irnos a Nauru, isla nación Estado del Pacífico con 21 km2 y 10.000 habitantes. El paraíso de las élites nacionalistas ¿o tal vez no?
La verdad es que en Europa podemos llegar al paroxismo en su corazón mismo. Tenemos el caso de Bélgica, estado del tamaño de las provincias de Cáceres y Ávila juntas, la cual si se desintegra generaría 1 estado valón y uno flamenco cada uno del tamaño de la provincia de León, una ciudad estado, Bruselas, bilingüe, con 164 km2 y un mini país de lengua alemana , Eupen y Malmedy, de 800 km2 y 75.000 habitantes.
Si esto lo extrapolamos a toda Europa el resultado es una amalgama de estados que serán incapaces de ponerse de acuerdo ni en las cuestiones más básicas. Y estamos en un mundo interconectado donde priman los grandes mercados y los estados fuertes, como Estados Unidos, Rusia, China, o India para los cuales un montón de mini países en Europa no serán sino un patio trasero donde dilucidar sus diferencias.
una mentira repetida mil veces se convierte en verdad
Joseph Goebbels
calumnia, que algo queda
Francis Bacon




