España y las cadenas de Navarra
Nos adentramos en una cuestión en la que, como en todos los territorios del planeta, se entremezclan la geopolítica, la historia y las voluntades de políticos que no dudan en usar argumentos personales en aras a objetivos que para nada tienen que ver con el bienestar de las personas, como demostraré en este artículo.
Navarra, por su historia, su bilingüismo zonal, su impronta y su contribución a la nación histórica, que no étnica, que es España supone una piedra angular de la constitución del Estado Español y a la vez uno de los puntos de fricción donde está en juego la conceptualización misma de nuestro país.
Veremos que la característica de Navarra es el mantenimiento de sus fueros, fueros que jamás perdió a lo largo de la historia de España.
La integración en España de Navarra es algo ancestral desde el imperio romano y tiene una conceptualización ideal desde la caída del reino visigodo y la dominación musulmana de la península ibérica con momentos efectivos de unión con otros reinos peninsulares, que veremos en este artículo, ya en la edad Media y con materialización definitiva desde 1512.
Curiosamente el rey Sancho VII ya no tenía frontera directa con los dominios musulmanes y por tanto no podía ganar territorios directamente. El sentido de cruzada y ,siempre, el de la España perdida a manos musulmanas, fue un trasfondo permanente en la mentalidad de los reinos cristianos en su lucha contra el poder musulmán en la península ibérica.
Pero observemos la curiosa evolución Navarra en su historia.
Los orígenes
En la España prerromana los vascones se situaban en la actual Navarra e irradiaron su cultura a la zona del actual País vasco ( donde había 3 pueblos, caristios, várdulos y autrigones), a la Rioja (donde estaban los berones) y la zona noroccidental de Huesca (donde estaban los jacetanos)
Muy importante geopolíticamente hablando porque esto hizo interaccionar históricamente a Navarra con Castilla ( con la que disputaba las actuales provincias vascas y La Rioja) y con Aragón (con la que disputaba la zona noroccidental de Huesca)
Curiosamente los vascones aceptaron de buen grado la dominación romana probablemente porque los romanos no tuvieron pretensiones especiales de control del territorio, si bien lo valoraban como zona de paso a la Galia y por ello crearon una buena comunicación viaria. Esta falta de acontecimientos bélicos fue una de las causas de que la cultura y la lengua vasca no se extinguieran. La población no tenía ninguna necesidad de integrarse en las estructuras romanas dado que la convivencia era pacífica.
Muy distinto fue el comportamiento de los vascones ante el poder visigodo. En ningún momento se sometieron totalmente si bien los visigodos dominaron hasta Vitoria y Pamplona. De hecho, aunque recientes investigadores los ponen en duda, el origen de Vitoria podría ser un campamento militar visigodo fundado por el rey Leovigildo denominado «Victoriacum».
Lo que es indudable es que las partes de más difícil accesibilidad de la actual Navarra no estuvieron sometidas al poder visigodo.
Con la conquista musulmana del reino visigodo entramos en momentos brumosos de nuestra historia. Pamplona cae ante los musulmanes entre el 714 y el 717 y si bien logran durante un tiempo poner un administrador en Pamplona, de la misma forma que con el poder visigodo, las partes norteñas de la actual Navarra nunca estuvieron sometidas. Además, los francos, allende los Pirineos apoyaron a las personas de las montañas bien mediante dominio directo o bien mediante apoyo a señores locales en la resistencia al poder musulmán.
De hecho, en la sociedad navarra se empezaba a ver una fractura según los partidarios de una u otra influencia, en lo que empezaba a ser una característica que se ha mantenido hasta nuestros días.
Como vemos, la geopolítica de hoy en día hunde sus raíces en la historia, que es manipulada al antojo de aquellos que tienen poder en las distintas zonas.
En el año 778 Carlomagno entra en territorio al sur de los Pirineos para contrarrestar el poder musulmán, tomando Pamplona pero fracasando con Zaragoza. A su vuelta, en el paso de Roncesvalles, la retaguardia de su ejército comandada por Roldán, fue emboscada y aniquilada, en lo que constituye un acto épico que marcó la memoria de la historia francesa.
En cualquier caso, en la zona de Pamplona se mantuvo la influencia de la facción gascona, esto es, partidarios de los francos, con la familia Velasco al frente, hasta la muerte de Carlomagno en 814.
Curiosamente el mantenimiento del reino frente a los francos contó con la colaboración de la familia Banu Qasi, visigodos islamizados gobernantes en las plazas del valle del Ebro, o bien del reino de Asturias, constituido hacia 718 y cuya frontera llegaba hasta la actual Álava.
Y a partir de aquí, durante cerca de 500 años el reino, primero de Pamplona y más tarde de Navarra, estuvo imbuido en las luchas contra los musulmanes y se entremezcló con los diversos reinos cristianos que posteriormente formarían la actual España, en disputas y alianzas de toda índole hasta el punto de que su rey Sancho III llegó a dominar desde Castilla a Aragón desde 996 hasta 1035. Además Navarra y Aragón estuvieron unidas desde 1076 hasta 1134, por no hablar de las innumerables ocasiones en las que Castilla y Aragón pensaron repartirse Navarra.
Fruto de las políticas matrimoniales entra en escena la casa de Champaña y con ello el advenimiento de monarcas vinculados al incipiente reino de Francia, lo cual incluyó un nuevo elemento desestabilizante en la historia Navarra, que ahora contaría con los intereses de sus monarcas en territorios de la actual Francia, generando en Navarra 2 facciones irreconciliables entre sí , los agramonteses , ligados a intereses franceses y los beaumonteses, más ligados a intereses castellanos y aragoneses.
De hecho entre 1274 y 1328 Navarra estuvo adscrita al reino de Francia en razón de que tenían el mismo monarca por derechos sucesorios.
Tras una intensa influencia francesa, las políticas matrimoniales hicieron posible que Juan II accediera al trono y que también fuera rey de la Corona de Aragón, por lo que reinó en ambos sitios. Curiosamente Juan era de la familia castellana de los Trastámara por lo que mantenía muchas influencias en Castilla.
A la muerte de Juan, en Navarra se elige un rey de la casa de Foix, volviendo Navarra a la órbita francesa y esto entró en conflicto con los intereses del rey Fernando en virtud de las guerras que una incipiente España ya mantenía con Francia en Italia. Esto provocó la invasión y conquista de Navarra en 1512, huyendo el rey Juan III de Albret de Navarra.
Juan III con el apoyo de Francia intentó recuperar Navarra entre 1512 y 1524 por las armas pero no lo consiguieron quedando Navarra definitivamente incorporada a la Monarquía Hispánica.
Esto provocó que Navarra se integrara en las estructuras sociales, económicas y políticas de la monarquía hispánica en toda su extensión y fueron no pocos los que empezaron a comparar la nueva situación con la que vivió Navarra en los años en los que estuvo incorporada al reino de Francia entre los años 1274 y 1328.
Está claro que la monarquía hispánica era netamente integradora por convicción, al estilo del imperio romano y todos aquellos que estaban bajo su paraguas se beneficiaban de igual forma de él, con sus luces y sus sombras, pero en cualquier caso nada que ver con los imperios coloniales fagocitadores de otras potencias europeas.
Tras la guerra de sucesión española y el advenimiento de los Borbones, los decretos de Nueva Planta no afectaron a Navarra y los reyes Borbones, como Felipe V o Carlos III, juraron sus fueros.
A pesar de que en las guerras civiles carlistas en España, jalonadas de 1833 a 1874, el territorio navarro se situó en el bando carlista cuyo lema era «Dios, patria, fueros, rey», claramente tradicionalista, Navarra mantuvo su fuero incluso tras la integración de la misma como provincia en 1841 dentro de la estructura estatal común.
Dato curioso es que Sancho VII, el rey navarro que luchó en Las Navas de Tolosa en 1212, si bien no tenía frontera directa con los musulmanes adquirió castillos en Aragón para jalonar una ruta hasta la sierra del Maestrazgo, donde fue importante en las luchas contra los musulmanes. Y más curioso es que en las guerras carlistas las zonas de apoyo a este movimiento fueron País Vasco, Navarra, Aragón, Cataluña y….. El Maestrazgo. Ahí lo dejo.
Dado su carácter más tradicional, demostrado con su apoyo al bando carlista en tiempos pretéritos, Navarra apoyó la sublevación que dio origen a la guerra civil española, en términos generales, contra la república, lo cual le supuso seguir manteniendo los fueros ya desde momentos del estado de guerra.
Durante el régimen franquista se aumenta el cupo pero se introducen muchos impuestos que recauda en exclusiva la Diputación de Navarra con lo que se pueden hacer importantes inversiones.
De esta forma, en 1982, tras la transición a la democracia en España simplemente se introduce una Ley de Amejoramiento del fuero poniendo a Navarra en línea con las comunidades autónomas pero sin que pierda su esencia de Comunidad Foral.
Y aquí es donde empieza el trabajo de los nacionalismos de nuevo cuño basados en visiones cortas sobre el desarrollo de los tiempos futuros (véase mi artículo «Los nacionalismos, el cáncer de Europa»). Con una visión etnocentrista, monolingüística y, claro, imperialista, deciden establecer mini países fáciles de controlar por élites que solamente buscan su propio bienestar amparadas en visiones decimonónicas, que independientemente de su falta de adscripción ideológica a la causa de un Estado están mintiendo a sus «compatriotas» si les hacen creer que no es mejor tener mercados de mayor tamaño donde sus empresas puedan desarrollarse en mayor medida. y además son imperialistas porque necesitan la mayor porción de territorio posible para una justificar la «viabilidad» de un hipotético mini.estado
De ahí tenemos la teoría de los «països catalans» o la absorción de Navarra por el País Vasco. (véase mi artículo «España y la federalización»). Para esta última se basan en situaciones históricas de antes de los romanos y la hipotética adscripción del Reino de Navarra como nación vasca independiente, cosa que nunca ha sido así como hemos podido ver en su recorrido histórico.
España, desde los tiempos de la Monarquía Hispánica, siempre ha integrado a todos su miembros, insisto siempre con luces y sombras, pero las sombras han sido para todos, igual que las luces. La prueba es que los apellidos de todos los orígenes corren por doquier y corrieron por todos los rincones que estaban bajo el paraguas hispánico. Gentes de todo origen han sido políticos, comerciantes, empleados, gobernadores, militares etc..
Y la única forma de justificar la creación de un pais étnico es con políticas muy duras de sometimiento a un pensamiento único. Y la prueba está en Navarra.
Navarra se compone de una zona vascófona donde el euskera y el castellano son lenguas oficiales y que alberga el 9 % de la población navarra y donde el 67 % es de habla materna vasca; una zona mixta donde solo el castellano es oficial que alberga el 63 % de la población navarra y donde el 18 % es de habla materna vasca; y una zona no vascófona que alberga el 28 % de la población navarra y donde el 7 % es de habla materna vasca.
En la zona vascófona los idiomas oficiales a todos los efectos son el castellano y el euskera y los ciudadanos pueden dirigirse en cualquiera de las 2 lenguas a la administración y ésta está obligada a interaccionar en la lengua elegida por el usuario.
En la zona mixta el idioma oficial es el castellano si bien los ciudadanos pueden dirigirse en euskera a la administración pero no relacionarse o ser atendidos en esta lengua, si bien las administraciones públicas pueden requerir para algunos puestos el conocimiento del euskera para funcionalidades específicas,
En la zona no vascófona, los interesados pueden dirigirse en euskera solamente a las administraciones públicas pero éstas podrán requerir al usuario la traducción al castellano o usar servicios de traducción de la propia administración.
Los vascoparlantes tanto de uso habitual como de comprensión son unos 130.000 sobre 650.000 habitantes totales de Navarra.
Otro elemento que en aras a respetar la multiculturalidad se puede convertir en un instrumento para otros fines es el sistema educativo (y los contenidos de éste). Veamos los sistemas educativos en Navarra:
En la zona vascófona se puede cursar estudios en la lengua elegida por patria potestad o por el alumno con tres variantes: vehicular en euskera con asignatura castellano e inglés (modelo D), vehicular en castellano con asignatura en euskera e inglés (modelo A) o vehiculares las 2 lenguas con un 60 % de asignaturas en castellano y un 40 % en euskera (modelo B)
En la zona mixta se puede estudiar en euskera para quien lo solicite, teniendo los 3 modelos anteriores mas un cuarto modelo solo en castellano. (modelo G)
En la zona no vascófona los modelos son el A y el G, si bien ha habido movimientos para la inserción de otros modelos.
En todas las zonas está también el modelo PAI con lengua vehicular en inglés con alguna escuela en alemán y otra en francés.
De esta forma medidas que considero muy positivas en aras a fomentar y mantener la multiculturalidad se pueden convertir en instrumentos de presión por parte de grupos ultra nacionalistas en aras a objetivos últimos que nada tienen que ver con el respeto a la multiculturalidad de Navarra.
De hecho, de forma lenta e inexorable se produce un proceso de avance del euskera que es difícil saber en qué medida es libremente elegido, como sería deseable, o claramente inducido.
Podemos ver esta evolución en 2 mapas:


La realidad política es que en las elecciones forales de 1979 un 68 % de los escaños se repartían en opciones no independentistas (bien de ámbito nacional o regionalista) y en las pasadas elecciones de 2023 fue un 62 % el porcentaje de escaños a estas mismas opciones. En las elecciones municipales de Pamplona un 60 % de los concejales se sitúa en estos mismos términos.
Solamente la actuación de los políticos muy influenciados por todo tipo de presiones y una codicia por el poder fuera de todo rango hace que la situación natural de esta histórica región española se mueva en un sentido u otro, fuera de los intereses del común de la población.
Y la realidad es que Navarra, una vez terminada la guerra de anexión en 1524 y una vez terminadas las rencillas entre los sectores de su sociedad a raíz del perdón general dictado por el rey Carlos I, se dedicó a integrarse y beneficiarse del paraguas que suponía pertenecer a la Monarquía Hispánica, donde desde entonces hasta nuestros días no tuvo cortapisas en poder avanzar en ningún sentido, incluida su multiculturalidad.
Porque la Monarquía Hispánica siempre integró al estilo del Imperio romano a todos sus miembros como parte de ella. Cómo si no podríamos tener grandes de España descendientes del emperador azteca Moctezuma, porqué en la última batalla por el Perú el ejército español estaba integrado por amerindios comandados por descendientes de la realeza inca, porqué España se molestó en realizar y plasmar las gramáticas de las lenguas amerindias, porqué el Franco Condado, de lengua francesa, fue siempre fiel a España mientras estuvo en su órbita, porqué en los famosos tercios se hablaban todas las lenguas de la Monarquía y porqué personas de toda la geografía del país pudieron, como dijo ya en 1619 el obispo de Pamplona refiriéndose a Navarra, ser militares, comerciantes, empresarios o gobernantes en igualdad de condiciones que cualquier ciudadano del país.
Y la realidad es que Navarra se aprovechó de esa circunstancia desde los inicios y hoy es la región con mejor nivel de vida de España y puntera en investigación, tecnología y educación sin necesidad de perder ni un ápice de su singularidad.
Navarra, una región única a todas luces, acosada por un etnonacionalismo vasco, que como todos los nacionalismos en los tiempos que vivimos resulta de rancio abolengo, vive atada por unas cadenas que lejos de tener parangón con su origen, significan una atadura de cara al futuro. Las cadenas de Navarra son también las cadenas de España.
Estaba libre, todo lo que tenía que hacer era soltar las cadenas
Jody Hedlund
Los que no se mueven no notan sus cadenas
Rosa Luxemburgo




