Aranceles. La guerra comercial mundial ha comenzado
Nadie, absolutamente nadie, podía imaginarse que la tercera guerra mundial sería una guerra comercial. Y sí. Con la implantación masiva de aranceles de forma cruzada entre países, la guerra comercial mundial ha comenzado.
En un mundo absolutamente interconectado y globalizado como es el mundo en el que vivimos, la aplicación masiva de aranceles y las diferentes represalias que, a todos los niveles, se van a derivar de ellos, hace que nuestro planeta se introduzca de nuevo en una época oscura de la cual nadie sabe cuándo y cómo se va a salir.
Siempre se ha pensado que una guerra mundial militar era imposible dado que si todos «aprietan el botón» sería el fin de toda la humanidad. Pero guerras como la de Ucrania y la histeria colectiva de la Unión Europea queriendo rearmarse de forma masiva nos había hecho dudar de todo.
Porque la realidad es que los conflictos mundiales lejos de estar en camino de acabar, lo que han hecho es enquistarse y, es más, se han generado otros que, como es el caso de Ucrania, han llevado la guerra a suelo europeo.
Nos hemos querido creer, al menos desde lo que podríamos llamar el mundo más desarrollado, que ya estábamos bien, que lo que tocaba es intentar salvar el medioambiente con planes a medio plazo que lleven a ello. Y yo me pregunto ¿cómo vamos a pensar en salvar un mundo que no tiene ninguno de sus problemas resueltos y donde la inmensa mayoría de las personas lo que hace es sobrevivir en precario?
La pobreza en el mundo
Podemos ver en un mapa la pobreza más extrema de nuestro planeta
Este mapa refleja según el Informe de desarrollo humano de la ONU de 2007/2008 el porcentaje de población que vive con menos de 1 dólar al día en nuestro planeta.

Pero hay más, mucho más. Prácticamente la mitad de la población mundial sobrevive con menos de 10 dólares al día.
Y si añadimos los conflictos, vivos y larvados, la situación mundial no invita al optimismo.
Podemos analizar continente a continente:
África
Todo el continente africano es una caldera en ebullición. Pobreza, guerras, conflictos interétnicos, mafias, delincuencia, desigualdades, islamismo extremo, separatismos, mercenarios, reclamaciones territoriales y regímenes autocráticos.
El continente entero se encuentra afectado y no se ven soluciones ni siquiera a largo plazo.
Asia
En Oriente Medio los conflictos se eternizan, Israel, Palestina, Hezbollah, Hamas, Kurdos, Hutíes, Siria, Irak o los islamismos extremistas suponen un peligro constante.
La mayor parte del resto del continente está aquejado de problemas similares a los africanos y las únicas ventanas de mejora tienen indudables problemas. China puede verse afectada por las guerras comerciales, Taiwán mantiene un conflicto abierto con China y Corea del Sur con Corea del Norte. Japón queda así de alguna forma aislado.
Y Turquía, otra potencia emergente, con problemas internos muy serios entre los partidarios del alcalde de Estambul contra los partidarios de Erdogan, además del problema kurdo y los problemas de equilibrio de sus relaciones con Europa, Rusia y el Oriente Medio.
América
México, América central y América del Sur, mantienen serios problemas de estabilidad económica y política, con problemas de pobreza que generan migraciones, narcotráfico y mafias que hacen imposible una vida normal. Y no está exenta de conflictos territoriales.
Estados Unidos está inmerso en una guerra comercial que ha originado con el incremento de unos aranceles, que no nos engañemos, ya existían por parte de todos los países del mundo antes de la involución originada por la administración Trump.
Y Canadá queda de alguna forma aislada, y reclamada por Estados Unidos junto con Groenlandia, lo que hace que se acerque en la medida de lo posible a Europa.
Oceanía
La mayor parte de los pequeños estados isleños de Oceanía están preocupados por la subida de las aguas que puede engullir parte de ellos y están mediatizados con influencias exteriores como las de China o Taiwan. Y también tienen sus conflictos.
De esta forma, una vez más, vemos países aislados como Australia o Nueva Zelanda, y ya hemos visto a Australia acudir junto con Reino Unido, Canadá o Turquía a las reuniones de seguridad europeas.
Europa
Rusia está enquistada en la guerra con Ucrania y muchos países como Bielorrusia, Armenia, Georgia o Kazajistán,entre otros, se mantienen en su órbita, así como países de Asia central anteriormente pertenecientes a la extinta Unión Soviética.
Y Europa Occidental está absolutamente descolocada. Oficialmente los datos macroeconómicos parecen comportarse positivamente pero la realidad es cercana a la recesión a pesar de las bajadas de tipos, que dicho sea de paso, no han conseguido controlar la inflación en la medida deseada.
Y están otros problemas como las migraciones ilegales, los islamismos, los nacionalismos o los separatismos.
Además, la Unión Europea está lejos de comportarse uniformemente, con países como Hungría o Eslovaquia que se comportan en favor de Rusia y Estados Unidos, otros con gobiernos de distinto signo político que les hacen ver los problemas desde perspectivas diferentes.
Y el Reino Unido, otro país que de alguna forma se siente aislado, se acerca cada día más a la Unión Europea tras su suicida salida de la misma.
Y todo esto no es más que una pequeña porción de los problemas que hay por todo el planeta. Ser exhaustivo me llevaría a escribir un artículo de cientos de páginas.
Los aranceles
No voy a hacer un análisis exhaustivo y técnico de los aranceles. Resultaría muy aburrido para este artículo y millones de especialistas por todo el mundo están analizando esto técnicamente.
En cualquier caso, yo soy economista además de analista geopolítico y tampoco olvido el famoso dicho que recorría la Universidad en el que se decía que un economista es la persona que te dirá mañana porqué lo que predijo ayer no se ha cumplido hoy.
Como pretendo llegar a la mayor parte de público posible, voy a hablar con el sentido común en la mano, que dicho sea de paso, es el menos común de todos los sentidos, por desgracia.
Los aranceles son inflacionistas por definición. Es obvio que si introducimos un arancel encarecemos el producto al que se aplica y la repercusión directa va al consumidor final. Como es de esperar que los países a los que se aplica esta medida respondan de igual forma, finalmente tendremos una subida generalizada de precios simplemente por este dato. pero hay más; a muchas empresas ya no les va a interesar exportar con estas condiciones y por tanto, en los países donde destinaban el producto habrá una menor oferta de ese tipo de producto y la consecuencia por el efecto oferta y demanda, es que subirán más los precios todavía.
Es verdad que para evitar esto se puede fomentar con ventajas fiscales la inversión expansiva de las empresas locales o incluso la implantación de empresas del exterior que así evitarían los aranceles en la fabricación de su producto. Y aquí reside el problema. Hay que realizar inversión pública para incentivar fiscalmente a las empresas y Estados Unidos, como muchos países de Europa y del mundo, tiene una deuda pública desmedida.
Así que el dinero debería salir de la recaudación de los aranceles.
El error del análisis estático de la implantación de aranceles
Es muy típico de los políticos de todo el mundo el hacer análisis estáticos de cualquier medida impositiva. Por ejemplo si un Estado necesita recaudar más dinero en impuestos puede por ejemplo aumentar los impuestos sobre la gasolina. Y es un error, primero porque ese impuesto lo va a pagar todo el mundo por igual y por tanto no es nada progresivo. Pero esto es solo una cuestión de injusticia social.
Lo más importante es que si calculamos que elevando por ejemplo un 1 % el impuesto sobre la gasolina vamos a recaudar un 1% más sobre lo que ya veníamos haciendo. Y no es verdad. Porque habrá un grupo de personas que ante la presión en el precio dejará de usar el coche y ya no gastará ni siquiera lo que venía gastando en gasolina hasta ahora.
Aplicado a la cuestión de los aranceles resulta exactamente lo mismo. La Administración Trump pretende recaudar 800.000 millones de dólares, pero no está teniendo en cuenta el efecto de lo que ya no se va a exportar a Estados Unidos ni los contraataques que en el mismo sentido hagan otros países.
El dólar finalmente se apreciará significativamente (a pesar de que hoy esté cayendo), y eso no es buena noticia para Estados Unidos por 2 motivos; uno de ellos es que los productos que exporta Estados Unidos serán más caros, y como los otros Estados también aplicarán aranceles, serán todavía más caros hasta hacerlos poco atractivos al resto del mundo.
Y además, el hecho de que Estados Unidos tenga la moneda más fuerte, hará que al depreciarse la moneda de los demás países, se diluya parte del efecto que se pretende conseguir con la implantación de aranceles.
El aumento de la deuda pública a nivel mundial
Resulta obvio que, una vez que al menos una parte del efecto arancelario va a quedar diluido por medidas y contramedidas entre países, los Estados deberán apoyar la producción interna de sus empresas, las cuales ya de por sí están siendo descapitalizadas en bolsa, como estamos viendo estos días desde el anuncio de Trump.
Y este apoyo solo puede hacerse con un gasto público que la mayoría de estados no se puede permitir salvo que incrementen los impuestos a la población.
Decía la premier británica, Margaret Thatcher, que el estado solo tiene el dinero que quita a sus ciudadanos. Y tenía razón.
Y cuando los estados se endeuden aún más, la prima de riesgo puede incrementarse hasta el punto de hacer de los bonos soberanos una mala opción de inversión. Y esto redundará en una crisis de confianza de los inversores a nivel mundial que se verán atrapados entre esta opción y rentas variables absolutamente imposibles de predecir en cuanto a su comportamiento.
El dinero es miedoso y se refugiará en opciones que, como el oro o la inversión inmobiliaria, aunque no garanticen ganancias interesantes en primera instancia por sus altos precios, si garantizarán la conservación de patrimonio a un medio o largo plazo. Pero esto no relanza la economía en ningún caso.
El aumento de precios y el de impuestos recaerán sobre la población de una forma asfixiante y la posible falta de demanda podría generar un parón de la economía, incluso a nivel mundial, con recortes en las empresas tanto de personal como de inversión. Y podríamos llegar a aplicar esa palabra tan temida que es la estanflación. inflación con paro y estancamiento.
El dilema de los Bancos Centrales
En esta situación los Bancos Centrales no sabrán que hacer, si suben los tipos de interés para detener la inflación enfriarán la economía todavía más y si los bajan provocarán que la inflación se desboque hasta extremos nunca vistos en los países desarrollados en un siglo.
La Unión europea y el armamento
Partimos de la base de que importantes países europeos como el Reino Unido o Alemania necesitan enormes reformas estructurales que han de ser financiadas con dinero público. De hecho a la premier británica Elizabeth Truss le costó el puesto el simple hecho de pretender afrontar las reformas sin subir los impuestos a la población.
Y Alemania va a acometer inversiones por 500.000 millones de euros en este sentido y la única lógica para obtenerlo es vía impuestos y endeudamiento público, como siempre.
Pero hay más, La Unión europea en una alarde de falta de tacto geopolítico alarmante decide que tiene que rearmarse porque ve en Rusia un enemigo, cuando resulta que es el país al que se compra el gas con el que funciona toda la Unión.
Y se escenifica diciendo a la población que tiene que comprar kits de supervivencia para 72 horas. ¿Acaso se pretende que la población admita lo que sea con tal de sentirse seguros?
Ya hemos visto el camino. El Reino Unido anula las ayudas sociales para trasladar ese presupuesto a la compra de armas.
Y la decisión del rearme es por un importe de 800.000 millones de euros y la pregunta es ¿Qué país puede suministrar tal cantidad de armas? La respuesta es Estados Unidos, precisamente su actual enemigo comercial.
Y las guerras
Mientras tanto, siguen las guerras y los conflictos abiertos sin solución de ningún tipo. Más todos los que pueden venir. El mundo parece haber entrado en una especie de locura colectiva de la que nadie está a salvo.
Siguen los problemas de pobreza, migración ilegal, terrorismo, mafias, narcotráfico, conflictos religiosos extremos, reivindicaciones territoriales, corrupción, separatismos y conflictos políticos de todo tipo.
Conclusión
Cuando veíamos en la famosa saga Star Wars la brutalidad de la Federación de Comercio la cual no dudaba en emplear la fuerza para garantizar sus derechos de comercio todos nos hemos preguntado el motivo de tamaña brutalidad. Ahora lo vemos reflejado en la cruda realidad.
Y en la antigüedad fue famosa la rivalidad entre Roma y Cartago. Cartago era una potencia comercial y una y otra vez se rehacía a si mismo porque era mejor que Roma comerciando. Por tanto Roma no dudó ni un momento en destruirla.
Y más recientemente pudimos ver en el mundo el fenómeno del colonialismo, cuyo único objetivo era comerciar con todo tipo de mercancías, bienes o lo que fuera, incluidos los seres humanos.
La raza humana quiere relanzar la carrera espacial llegando a Marte y salvar la ecología del planeta pero no es capaz de salvarse a sí misma, siempre intentando arreglar las cosas con guerras de todo tipo tanto comerciales como físicas.
No hemos aprendido nada, absolutamente nada de la historia ya vivida.
La geopolítica nos afecta a todos.
«Quien no conoce la historia está condenado a repetirla»
George Santayana
«Ceterum censeo Carthaginem esse delendam» (Además opino que Cartago debe ser destruida)
Catón el Viejo (Senador romano en referencia a Cartago, ciudad comercial rival de Roma)
«Hoy es el día de la liberación»
Donald Trump




